martes, 6 de abril de 2010

El acoso escolar y los niños superdotados



El domingo pudimos leer una noticia en el diario El País, un artículo titulado 'El calvario de Cristina' que describía la vida llena de contrariedades a la que, en la escuela, se había tenido que enfrentar una niña superdotada (173 de coeficiente intelectual) que sufrió vejaciones sistemáticas en el colegio, que -como muchos otros- emprendió la huida a otros centros con el objetivo de comenzar de cero y que se reencontró con su pesadilla al pisar el instituto.

Toda una vida a merced de los insultos y las pequeñas agresiones que se hacen insalvables por acumulación y que abocan inevitablemente en depresiones, abandono escolar y visitas al psicólogo. Cartas anónimas, pintadas en los lavabos con su nombre. Primero en el colegio, años más tarde en el instituto, donde se encontró con sus temidos ex compañeros.

En la prensa se ha analizado y comentado ampliamente la falta de respuesta del sistema a los problemas de esta niña, así como el uso de internet para aumentar su calvario, lo que ha llevado el caso hasta los tribunales. Al leer este tipo de noticias, cada vez más frecuentes nos surgen varias preguntas, la primera es lógicamente porqué no se ha actuado para defenderla, pero la siguiente es porqué se producen estos casos tan a menudo con los niños superdotados.

¿Porqué ser superdotado en muchos casos significa ser víctima de acoso escolar, burlas, vejaciones?. ¿Porqué los padres deciden a menudo cambiar a sus hijos de colegio, pensando que así se van a resolver sus problemas en lugar de actuar en el origen del problema?.

¿Porqué los otros niños les atacan, de una forma u otra? o simplemente les rechazan y se quedan solos en el patio, no les dejan jugar al fútbol, etc..?. La respuesta para nosotros es muy sencilla: “porque son diferentes”.

Los propios niños superdotados casi nunca son conscientes de la verdadera razón, los otros niños tampoco. pero sienten la diferencia y siguen los impulsos atávicos de la psicología social, impulsos que como se ha comprobado repetidamente provocan que “el grupo siempre rechace al que es diferente, y que si este no se adapta pueda terminar incluso expulsado del grupo”.

Cuando hablamos con estos niños, ya de adultos, nos dicen que estos problemas de acoso, insultos, vejaciones continuas, sentirse rechazados, eran porque “llevaba gafas”, “estaba más gordito/a de lo normal”, “tenía problemas en casa” etc….., pero nunca nos dicen “era el más inteligente, mis respuestas y razonamientos eran muy diferentes a los de los demás y eso provocaba rechazos y burlas en mis compañeros porque no me comprendían”.

Los padres de la niña del artículo han decidido ir a por todas pidiendo amparo legal, pero la joven, que ya tiene 19 años, lleva toda su vida sufriendo intensamente por tener un CI de 173. Lamentablemente el que su historia sea pública en la prensa y en internet no le va a ayudar ahora mismo, pero sobre todo no le va a devolver los años de disgustos que tanto ella como sus padres han pasado hasta ahora.

Tenemos que ser conscientes de que nuestros hijos son diferentes, y esa diferencia si no la saben manejar va a provocar enfado en los demás, y no solamente cuando son niños, también cuando son adultos. Tenemos que ser conscientes de que tan importante como enseñarles geografía es enseñarles habilidades sociales, explicarles porqué son diferentes y cómo tienen que manejar esa diferencia para no generar agresividad en su entorno. Tenemos que hacerles comprender que son más inteligentes que los demás niños y que eso sirva para mejorar su autoestima, y no para producirles depresiones y aislamiento social, porque tienen que aprender a utilizar su inteligencia en el entorno en el que se mueven.

Recientemente me decía un joven superdotado de 25 años: “nadie me entiende, estoy harto, así que paso de todos”. Esta es una postura errónea que algunos superdotados adoptan a los 8 años, otros a los 12 y muchos mantienen el resto de su vida, lamentablemente por cierto, porque es una postura que solo produce infelicidad.

Necesitamos a los demás para poder ser felices y si no somos capaces de aprender solos a relacionarnos en la forma adecuada, tendremos que buscar ayuda y orientación con los expertos que puedan comprender realmente el porqué de nuestras vivencias y como superar nuestros problemas con el resto del mundo.

3 comentarios:

nghjhg dijo...

^^ buenos articulos.-

Ángel dijo...

Hola,

Me parece interesante el artículo.

Entiendo perfectamente al joven de 25 años que "pasa de todos". A mí me pasa igual y tengo 26 (23 en 2010). Cualquier otro diría: "todos pasan de mí". La diferencia es obvia: ha sido su elección. Ahora bien, hay muchas formas de pasar de la gente. Puede hacer uso de su silencio cuando le plazca, por ejemplo ante conversaciones vanales; y también de su palabra cuando considere que no pierde el tiempo. Ha empezado el camino del control de sí mismo.

Opino también que nuestra felicidad es nuestra responsabilidad, no la de los demás. Necesitar a los demás para ser feliz es ponerse a merced de ellos. Le estás dando a los demás el poder de decidir cuándo eres feliz y cuando no.

Para evitarlo, es necesario adquirir un autoconocimiento auténtico; y para conseguir esto hay prescindir del ruido externo un tiempo mínimo. No se puede encontrar fuera lo que está dentro de uno mismo.

Considero de vital importancia que los padres se centren en enseñarle a sus hijos a aceptar que cada persona es dueña y responsable de su propio pensamiento y, por lo tanto, del mundo que se construye. Por eso, cuando alguien te insulta no te insulta a ti, sino al concepto que se ha formado de ti en su propia cabecita. Si te sienta mal, es que has elegido aceptar su pensamiento.

Saludos,
Ángel

EMS dijo...

Totalmente de acuerdo Angel.
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Saludos cordiales,